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“La industria de los ultraprocesados tiene el control de nuestra alimentación”

Un nuevo estudio nos advierte una vez más sobre los peligros de la comida procesada: las bebidas azucaradas aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular y cáncer de forma proporcional a la cantidad en que se consumen.

Aunque la lista de evidencias de científicos, organizaciones mundiales de la salud e investigadores no para de crecer, los productos ultraprocesados atiborran nuestro día a día de supermercados y publicidades perjudiciales.

 “En la actualidad, la mayoría de las personas viven engañadas con respecto a su alimentación”. Así comienza el libro de Carlos RíosCome comida real, un auténtico manifiesto para introducirnos en el mundo del real fooding. A través de una comparativa con Matrix, donde los humanos creen que lo que ven y experimentan es real, Ríos advierte que no comemos “comida real, sino productos que han puesto ante tus ojos”.

Citando la frase de Dostoievski que afirma que “la mejor forma de que un prisionero no escape es asegurarse de que nunca sepa que está en prisión”, Ríos asegura que nuestra libertad a la hora de elegir en un supermercado común es muy limitada.

“Este engaño es producto de los intereses de una fuerza mayor”, asegura, que “arrasa a su paso miles de vidas inocentes y supone la mayor amenaza que existe en nuestro planeta en la actualidad: la industria de los ultraprocesados”.

Y es que, según explica en su libro, “nos hemos ido adaptando a nuestra alimentación de una forma más rápida de la que podíamos sostener, lo cual nos ha pasado y está pasando factura en el presente a la hora de comer”.

Tres sencillos tips que mejorarán tu salud

Tan sencillo como sacar de nuestros hogares los alimentos procesados y priorizar aquellos de origen vegetal. ¿Y cómo saber distinguirlos? Fácil. “Son los alimentos que llevan un solo ingrediente en la etiqueta o directamente no llevan etiqueta”, explica Carlos Ríos a National Geographic España.

Además, debemos complementar nuestra “alimentación con buenos procesados, sin que sustituyan a los alimentos mínimamente procesados. El buen procesado suele estar envasado y lleva una etiqueta nutricional donde se leen entre 1 y 5 ingredientes, entre los cuales no se encuentran en cantidades significativas (es decir, menor o igual al 5-10% del total) el azúcar añadido, la harina refinada o el aceite vegetal refinado”.

Siempre que no desplacen el consumo de alimentos frescos, estos productos deben ocupar un papel complementario en nuestra alimentación. Por su parte, los ultraprocesados son el gran enemigo de nuestra salud, es decir, todos aquellos alimentos que tengan más de 5 ingredientes en la etiqueta, entre ellos azúcares, harinas y aceites vegetales refinados, aditivos y sal.

“Su consumo debe ser ocasional, es decir, alguna vez al mes. La recomendación es que cuanto menos, mejor. Se recomienda no comprarlos ni tenerlos en lugares habituales como en casa o en el trabajo”. Aunque el maestro del real fooding asegura que pueden formar parte de un consumo ocasional voluntario y sin remordimientos, “relacionado con eventos sociales y culturales (10%), pero manteniendo una frecuencia baja sin desplazar una alimentación basada en comida real (90%)”.

Descifrando las etiquetas

Cada vez es más común ver por el supermercado a personas absortas en la lectura de las etiquetas, tratando de que su compra sea no solo sana, sino también sostenible. Un movimiento que impulsa a un consumidor cada vez más concienciado a ejercer el poder que tiene su cesta de la compra en su propia salud y en la del planeta.

“Cada vez el consumidor es más consciente de los engaños y bulos en cuanto a alimentación se refiere y por ello son los primeros en detectar qué productos son saludables y cuáles no”, declara Ríos. “Esto obliga a la industria alimentaria a tomar dos vías: o dar al consumidor lo que quiere o volver a reinventarse para seguir vendiendo lo mismo de una forma camuflada”.

Carlos Rios 02

Fotografía de Brooke Lark

Para salir de dudas, los ingredientes son nuestros grandes aliados. Lo principal en lo que debemos fijarnos es en su cantidad y en que, entre ellos, no se encuentren las harinas refinadas, el azúcar añadido o el aceite vegetal refinado. “Si tiene 5 ingredinetes o más y, entre los mismos, se encuentran cantidades superiores al 10% de azúcar, harina refinada o aceite refinado, habrás dado con un ultraprocesado”, afirma el gurú de los real fooders.

Por su parte, la comida real es muy sencilla de detectar, ya que son materias primas donde los ingredientes no son más que el propio alimento en sí mismo.

Un mes de real fooder: el reto que recorre las redes sociales

Decir adiós a esos antojos de comida procesada puede ser difícil al principio, ya muchas personas los han incorporado de manera diaria en su alimentación y tienen cierto carácter adictivo. Pero “conforme los vas abandonando y sobre todo empiezas a disfrutar de la comida real, tus antojos cambiarán”, declara Ríos.

 Por ello, el nutricionista anima a todos aquellos interesados en probar el cambio a realizar un mes de alimentación real y escuchar a su cuerpo. Quienes lo han probado aseguran que la preocupación por ser consciente del alimento con el que obtienes la energía para tus células se cuela en tu rutina diaria sin vuelta atrás.

 Pese al alto nivel de afectación de enfermedades como la obesidad o la diabetes, entre otras muchas, hoy en día comprar productos que no contengan estos elementos es un auténtico reto. Le preguntamos a este experto en nutrición cómo puede estar permitida esta ingente cantidad de azúcar en la industria y no duda sobre el responsable: “la industria de los ultraprocesados tiene el control y es quien aporta un gran beneficio económico a muchas entidades públicas. Incluso con la comida de los hospitales pasa lo mismo, todo se mueve por conflictos de interés”.

Parte del problema es también que muchos mitos alimentarios, a pesar de haber sido desmontados en muchas ocasiones, “se siguen fomentando por algunos profesionales de la salud llevando a una confusión y desconocimiento a la población con respecto a su alimentación”.

Casi 3 millones de muertes al año por sobrepeso

Ya en 2017 la Organización Mundial de la Salud advertía sobre que la obesidad y el sobrepeso son responsables de 2’8 millones de fallecimientos al año, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo.

“Cada vez son más numerosos los estudios que salen a la luz sobre la relación directa entre el consumo de ultraprocesados y enfermedades crónicas no transmisibles”, afirma Carlos Ríos, poniendo el foco en la necesaria educación sobre “hábitos de vida saludable desde la infancia” para que “cada persona adquiera unos conocimientos básicos para su alimentación y en definitiva para mantener su salud a largo plazo”.

Pero el experto se muestra optimista, y es que parece claro que el cambio, aunque lento, ha llegado para quedarse. Cada vez más consumidores son conscientes de los engaños y los bulos de la industria alimenticia y son los primeros en detectar qué productos son saludables y cuáles no. Y no solo para su salud, también para el planeta.

Un consumo ecológico, local y de calidad ha venido pisando fuerte los últimos años, junto a un rechazo hacia elementos que rodean nuestra cesta de la compra, como el plástico, y siendo conscientes de que una dieta más vegetal es algo clave para la sostenibilidad y la salud del planeta y sus habitantes.

Quizá nos encontremos en un punto de inflexión que coloque definitivamente a la alimentación de vuelta entre las prioridades de nuestro ajetreado día a día y abra la puerta al conocimiento que sane nuestra salud y la de nuestro planeta.

Fuente: https://www.nationalgeographic.es/ciencia/2019/03/la-industria-de-los-ultraprocesados-tiene-el-control-de-nuestra-alimentacion

Estos pequeños cambios en nuestra alimentación pueden ayudar a salvar el planeta

Los alimentos que comemos cada día nos mantienen vivos, pero también pueden suponer grandes costes para la salud y el medio ambiente: enfermedades cardíacas, emisiones de carbono, degradación del suelo, etc. Un estudio reciente publicado en Nature Food concluye que pequeños cambios en las elecciones alimentarias de los estadounidenses podrían suponer grandes beneficios para la salud y el planeta.

Según el estudio, dado que muchos de los alimentos que suponen una gran carga para la salud, como las carnes procesadas o las carnes rojas, también tienen un elevado coste medioambiental, el cambio de unos pocos de ellos -alrededor del 10 por ciento de la ingesta calórica diaria de una persona- puede reducir la huella medioambiental de los alimentos en más de un 30 por ciento.

«Lo bueno es que, no en todos los casos, pero sí en muchos, los alimentos más sanos y nutritivos tienden a ser más sostenibles desde el punto de vista medioambiental, por lo que todos salimos ganando», afirma Michael Clark, investigador de sistemas alimentarios de la Universidad de Oxford (Reino Unido) que no participó en el estudio.

Entre el cultivo, el envasado, el transporte, la cocción y, a menudo, el desperdicio, la producción de alimentos representa entre una quinta y una tercera parte de todas las emisiones anuales de gases de efecto invernadero en el mundo. En un hogar estadounidense medio, los alimentos representan una parte tan importante de la huella de gases de efecto invernadero como la electricidad. La producción de alimentos es responsable de importantes problemas de cantidad y calidad del agua, a menudo requiere herbicidas y pesticidas que ponen en peligro la biodiversidad y engendra pérdidas de bosques y zonas silvestres cuando las tierras se convierten en agrícolas.

«Su impacto es sustancial», afirma Olivier Jolliet, científico medioambiental de la Universidad de Michigan (Estados Unidos) y uno de los autores del estudio. «Es como si, ‘Houston, tuviéramos un problema’ y tuviéramos que tomárnoslo en serio». Hasta ahora, Estados Unidos no se lo ha tomado en serio».

No depende ni es responsabilidad de una sola persona resolver las crisis sanitarias y medioambientales nacionales o mundiales, subraya. Pero ideas como las que él y su equipo han desarrollado pueden ayudar a personas, instituciones e incluso gobiernos a saber hacia dónde dirigir sus energías para ejercer la mayor influencia rápidamente.

Mirar dos cosas a la vez

Para saber cómo reducir el impacto negativo de la producción y el consumo de alimentos en el planeta y el cuerpo, los investigadores evaluaron primero los daños relacionados con los alimentos. Pero averiguar de dónde procede una manzana, y cuál es su impacto en el planeta se ha convertido en una cuestión cada vez más compleja a medida que evoluciona el sistema alimentario mundial. Por ejemplo, los investigadores del Instituto Medioambiental de Estocolmo han tardado años en desentrañar las cadenas de suministro de cultivos como el cacao y el café, aunque procedan de un solo país.

Por ello, en las últimas décadas, científicos como Jolliet han desarrollado formas de realizar «análisis del ciclo de vida» de artículos específicos -por ejemplo, una cabeza de brócoli o una caja de copos de maíz- que tienen en cuenta todos los pasos desde la granja hasta la tienda y asignan a los artículos un número concreto que indica su impacto ambiental, como una estimación de las emisiones de gases de efecto invernadero o el volumen de agua que requiere su producción.

Al mismo tiempo, los epidemiólogos y los científicos de la salud pública realizaron análisis similares para los cuerpos humanos. Examinaron detenidamente los vínculos entre la alimentación y la salud, y determinaron cómo las diferentes dietas e incluso los alimentos específicos podían influir en aspectos como el riesgo de enfermedad, la salud general o la esperanza de vida, y asignaron números concretos a esos riesgos.

Durante años, los investigadores y los gobiernos consideraron que las cuestiones estaban separadas: los investigadores de la salud se centraban en sus prioridades y los científicos del medio ambiente en las suyas (aunque ya en la década de 1970 los científicos relacionaban las elecciones de la dieta con la salud del planeta). Pero cada vez es más evidente que lo que comemos está íntimamente relacionado con la salud del planeta, afirma Sarah Reinhardt, experta en sistemas alimentarios y salud de la Union of Concerned Scientists.

La demanda mundial de carne de vacuno, por ejemplo, ha aumentado la demanda de proteína de soja para alimentar al ganado, y en respuesta a esa demanda, cada año se deforestan vastas franjas del Amazonas para hacer espacio a nuevas explotaciones de soja y ganado, acelerando la pérdida de bosques que absorben carbono y tienen una gran biodiversidad.

«La agricultura es una pieza enorme del rompecabezas climático, y la agricultura, los alimentos y la dieta están estrechamente relacionados», afirma Reinhardt.

Así que Jolliet y sus colegas construyeron un sistema que fusionaba ambas preocupaciones, analizando el impacto sanitario y medioambiental de determinados alimentos.

El equipo de la Universidad de Michigan convirtió esos riesgos alimentarios en una estimación de los «años de vida ajustados a la discapacidad» (AVAD), una medida de la esperanza de vida que alguien puede perder o ganar si cambia sus hábitos. El equipo profundizó en la forma en que la elección de comer o renunciar a alimentos específicos -no sólo a categorías, como las verduras- podría afectar a los AVAD, detallando las ventajas de algunos alimentos y los efectos perjudiciales de otros si la dieta de base de alguien cambiara. Comer mucha carne roja, por ejemplo, está relacionado con la diabetes y las enfermedades cardíacas, mientras que sustituirla por muchas verduras ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas. Sin embargo, advierten que sus análisis son relevantes para toda la población, no necesariamente para un individuo, ya que cada persona tiene su propio conjunto de riesgos de salud que puede cambiar su susceptibilidad a los cambios de dieta.

Para determinar esto, el equipo de Michigan examinó la composición nutricional de casi 6000 alimentos, desde perritos calientes hasta alitas de pollo, pasando por sándwiches de mantequilla de cacahuete y gelatina o remolachas. Un perrito caliente probablemente le costaría a alguien unos 35 minutos de vida; comer la mayoría de las frutas podría ayudar a alguien a ganar unos minutos extra; y las sardinas cocinadas en salsa de tomate podrían añadir 82 minutos. En los cálculos, la tarta de manzana es casi neutra: un poco de beneficio por las manzanas a cambio de algunas pérdidas por la mantequilla, la harina y el azúcar.

No hay nada especialmente sorprendente en este análisis. Los epidemiólogos saben desde hace tiempo que las carnes procesadas, las carnes rojas y los alimentos muy procesados y con alto contenido en azúcar están relacionados con un mayor riesgo de padecer muchas enfermedades. Pero al desglosar los efectos potenciales de tantos productos, los investigadores pudieron clasificarlos, ordenarlos y crear una comprensión detallada de cómo los hábitos específicos podrían afectar a los consumidores.

Paralelamente, el equipo evaluó los efectos medioambientales de esos miles de alimentos. No se limitaron a los costes del carbono, sino que incorporaron 15 formas diferentes en las que el medio ambiente absorbe el impacto de la producción de alimentos, desde los efectos en los sistemas hídricos circundantes hasta los raros minerales necesarios para cultivar los productos o envasarlos, pasando por la contaminación atmosférica local causada por la producción.

Cuando los investigadores analizaron ambas cuestiones a la vez, surgió un patrón alentador. Muchos alimentos buenos para la salud de las personas eran también relativamente respetuosos con el medio ambiente. No es especialmente sorprendente que las judías, las verduras -no las cultivadas en invernaderos- y algunos pescados y mariscos cultivados de forma sostenible, como el bagre, se encuentren en lo que denominan la zona «verde». Los alimentos de la zona «ámbar», como la leche y el yogur, los alimentos a base de huevo y las verduras cultivadas en invernaderos, equilibraban los costes sanitarios y medioambientales. Los alimentos de la zona «roja», que incluyen la carne de vacuno, la carne procesada, el cerdo y el cordero, tienen unos costes sanitarios y medioambientales elevados. Una ración de estofado de ternera, calcularon, tiene el coste en carbono de conducir unos 22 kilómetros.

El patrón se mantuvo para la mayoría de los indicadores ambientales, excepto para el uso del agua. Alimentos como los frutos secos y las frutas tienen importantes beneficios para la salud, pero a menudo se cultivan en lugares con escasez de agua como California. «Cuando hablamos de los alimentos que comemos ahora y de los que «deberíamos» comer, como los frutos secos y las frutas, hay grandes implicaciones para el uso del agua», dice Reinhardt. «Eso no significa que no debamos comer más de ellos, sólo significa que es un problema que tenemos que resolver».

No podemos dejar de comer, así que ¿qué hacemos?

Para algunos retos climáticos, hay soluciones relativamente sencillas. Por ejemplo, las fuentes de energía renovable ya pueden sustituir gran parte de la energía necesaria para alimentar edificios, coches, etc.

No hay sustituto para los alimentos, pero es posible cambiar lo que comemos. Si todos los habitantes del planeta se alimentaran de forma vegana, las emisiones de gases de efecto invernadero del sistema alimentario podrían reducirse a más de la mitad; un planeta de vegetarianos reduciría las emisiones alimentarias en un 44%. Si dejáramos de comer «comida» tal y como la conocemos, existiendo enteramente a partir de una papilla nutricional cultivada en un laboratorio en lugar de en la tierra o el agua, podríamos evitar alrededor de 1 grado Celsius de calentamiento futuro, según un reciente trabajo que considera el singular experimento mental.

«Lo que nos dice este trabajo es: oye, mira, todavía podemos obtener ganancias bastante grandes incluso si no estamos haciendo estos cambios realmente grandes en la composición de la dieta», dice Clark. «Creo que eso es realmente poderoso, porque mucha gente simplemente no quiere hacer esos cambios dietéticos realmente grandes, por muchas razones».

Aunque las dietas vegetarianas y veganas son cada vez más comunes en Estados Unidos y Europa, «es absolutamente absurdo suponer que todo el mundo seguirá una dieta vegetariana dentro de 30 años», afirma.

Las elecciones alimentarias son personales y están profundamente conectadas con la cultura, la religión, las emociones, las preocupaciones económicas y mucho más. «En lugar de dictar, es mucho mejor intentar dar opciones», dice Naglaa El-Abbadi, investigadora de alimentación, nutrición y medio ambiente de la Universidad de Tufts en Massachusetts (Estados Unidos). Este enfoque pretende informar a las personas para que puedan tomar decisiones que se ajusten a sus necesidades y valores. En conjunto, esas elecciones pueden beneficiar tanto a la salud humana como al planeta.

Para que esto ocurra, habría que trabajar conjuntamente con los esfuerzos a gran escala para remodelar la producción industrial de alimentos, subraya.

Pero lo que la gente elige para comer a diario no es ni mucho menos insignificante, dice Clark. «No tenemos que hacernos todos veganos de la noche a la mañana», afirma. «Los pequeños cambios pueden tener un gran impacto».

Fuente: https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2021/12/estos-pequenos-cambios-en-nuestra-alimentacion-pueden-ayudar-a-salvar-el-planeta

Las dietas del futuro: a medida y de precisión gracias a la ciencia

Un ambicioso e integrador estudio sanitario en todo Estados Unidos pretende predecir qué dietas proporcionarán la mejor nutrición en función de los genes, los microbios y el estilo de vida.

Durante el estudio, los investigadores realizarán periódicamente análisis de orina y sangre y completarán un censo del microbioma intestinal de cada persona, es decir, los billones de organismos que residen permanentemente en el tubo digestivo. Los participantes llevarán monitores de glucosa para registrar las subidas y bajadas de azúcar en sangre, un marcador de la forma en que el organismo procesa los hidratos de carbono y un importante indicador de la salud. También se hará un seguimiento de comportamientos diarios como el sueño, el estrés y las horas a las que se come, entre otros factores.

El nuevo estudio cambiará nuestra comprensión de las dietas humanas porque es radicalmente distinto de cómo se realizan la mayoría de los estudios sobre nutrición. Los científicos especializados en nutrición suelen examinar un único alimento en una población homogénea, por ejemplo, para averiguar si los arándanos reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares en los estadounidenses (la respuesta a esta pregunta aun no está clara). En este estudio no partimos de una hipótesis, dice, sino que «nos preguntamos cuáles son los factores implicados».

El objetivo es desentrañar las muchas variables que influyen en las respuestas nutricionales y desarrollar algoritmos que las predigan, lo que permitiría a los nutricionistas ofrecer consejos dietéticos a otras personas con características similares.

Ofrecer recomendaciones más específicas es crucial para mejorar la salud pública, afirma Das. El enfoque actual ha llevado a muchas personas a desentenderse de los consejos dietéticos de los expertos, ya sea porque éstos parecen cambiar con frecuencia (el clásico: los huevos son malos; los huevos son buenos) o porque probaron una forma de comer recomendada y descubrieron que no era la ideal para ellos. «La nutrición de precisión nos permitirá ir más allá del consejo de la dieta mediterránea. En lugar de eso, diremos: ‘Si tienes determinadas etnias, características, respuestas físicas a los alimentos, esta dieta puede ser más adecuada’. Ese es el paso al que nos estamos acercando», afirma.

El estudio se centrará en comer para gozar de una salud óptima más que para perder peso, pero ambas cosas van de la mano.

https://www.nationalgeographic.es/ciencia/2023/02/las-dietas-del-futuro-a-medida-y-de-precision-gracias-a-la-ciencia

Innovación y sostenibilidad en la jornada sobre alimentación del futuro

AINIA celebró la pasada semana en su sede de Paterna (València) la cuarta edición de la jornada de innovación “La Alimentación del futuro”. Un evento que reunió a 150 profesionales del sector agroalimentario, empresas, startups, FIAB, CDTI y expertos en investigación para tratar las últimas tendencias y avances en el desarrollo de productos alimentarios más sostenibles, saludables y adaptados a las nuevas necesidades de los consumidores.

Durante la jornada, se abordaron temas claveen torno a nuevas fuentes de ingredientes, proteínas alternativas, la economía circular, y el uso de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial en el diseño de nuevos alimentos

Expertos en el panel sobre «Productos plant-based y proteínas y grasas alternativas» insistieron en que el reto para estos productos no sólo radica en su sostenibilidad y beneficios para la salud, sino en garantizar unas propiedades sensoriales óptimas, claves para la aceptación por parte del consumidor. 

Un aspecto destacado fue la tendencia hacia la mimetización de productos tradicionales, pero también se señaló la necesidad de explorar nuevos momentos de consumo, formatos y texturas que amplíen las opciones para los consumidores sin limitarse a imitar lo ya existente.

Además, se trató la regulación y las perspectivas de futuro de los Novel food en la que se destacaron las cuestiones relativas a los procedimientos que exige la normativa para garantizar que la seguridad del producto ha sido contrastada con carácter previo a su puesta en el mercado, y a la conveniencia de contar con asesoramiento técnico-legal desde las fases iniciales del desarrollo de los productos. 

Otro de los focos de la jornada fue la importancia de la economía circular y la valorización de subproductos en la industria alimentaria. En la mesa redonda sobre “Upcycling y sostenibilidad”, los expertos analizaron tecnologías aplicables al aprovechamiento de subproductos de algas y brócoli como ejemplo de reducción del desperdicio, así como de la utilización de técnicas de cultivo más sostenibles. Este tipo de enfoques contribuyen a la sostenibilidad, y abren nuevas vías de innovación en productos alimentarios.

Asimismo, se debatió sobre el papel de las empresas en el desarrollo de productos innovadores que respeten el medio ambiente y ofrezcan una experiencia gastronómica de calidad.

Enrique Rodríguez, delegado comercial en Vichy Catalán, resaltó que “la alimentación del futuro pasa por redefinir y reescribir los fundamentos mismos de la alimentación porque entran en juego nuevas reglas nunca vistas antes, especialmente aquellas que tienen que ver con la sostenibilidad y la circularidad. El reaprovechamiento de los antes llamados subproductos, para la elaboración de nuevos ingredientes ya no es una tendencia de nicho, es una realidad. La búsqueda de alternativas al azúcar, a la proteína de origen animal, a las grasas e incluso las formas en que estas se obtienen, son sólo el comienzo de una revolución que viene en torno a la alimentación”

Por otro lado, el uso de la inteligencia artificial y las tecnologías emergentes en la creación de nuevos alimentos fue destacado por los participantes en la jornada como una de las herramientas más prometedoras para diseñar productos personalizados y sostenibles de forma más eficiente.

Actualmente, los consumidores no solo se preocupan por la sostenibilidad, sino que buscan productos que promuevan su bienestar integral. Esto incluye la salud física, mental y emocional, aspectos que deben ser considerados al desarrollar nuevos productos e ingredientes. Las empresas alimentarias están cada vez más alineadas con esta tendencia, adaptando sus productos para satisfacer esta demanda creciente por soluciones de wellness.

https://www.lavozdealmeria.com/agricultura2000/noticia/8/agricultura/282119/innovacion-y-sostenibilidad-en-la-jornada-sobre-alimentacion-del-futuro

El futuro de la alimentación: ¿cómo nos alimentaremos en 2050?

La alimentación es un aspecto fundamental de nuestras vidas, su evolución está ligada a cambios en la sociedad, tecnología y medio ambiente.

Ante los efectos inminentes del cambio climático, la comunidad científica ya se encuentra trabajando para adaptar la dieta actual a una posible crisis alimentaria en el futuro. La invasión rusa en Ucrania puso en evidencia la problemática de depender de unos pocos cultivos comercializados en todo el mundo. Es por esto que para poder garantizar el futuro de la alimentación es necesario hacer un cambio radical en la manera de producir.

Se estima que la demanda de alimentos se incremente en un 50 por ciento para 2050 y que el mayor desafío ante este escenario sea conseguir un cambio profundo en el estilo de vida y en los sistemas de producción.

La alimentación en el 2050: ¿cómo serán los nuevos hábitos alimenticios?

En el 2050 la Tierra estará poblada por casi 10.000 millones de habitantes, lo que se traduce en un grande desafío para la industria alimentaria. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), existe evidencia preocupante de que la biodiversidad que sustenta el sistema alimenticio actual está desapareciendo, lo que pone en peligro el futuro de los alimentos.

Ante la amenaza de inseguridad alimentaria en los próximos años es importante implementar cambios en los hábitos alimenticios que permitan reducir los desperdicios alimentarios al mínimo. Una buena opción es comprar los productos a granel o bien optar por alimentos ecológicos para sólo consumir lo necesario.

Otra tendencia que puede marcar la diferencia según los expertos es la dieta veggie, es decir, más vegetales y menos carne y pescados. Pero, para que esto sea posible los sistemas de producción deben migrar a una agricultura más ecológica e incorporar las foodtech. De esta manera, la alimentación, la sostenibilidad e innovación irían de la mano.

La agricultura ecológica, que consiste en evitar el uso de productos químicos y aplicar prácticas amigables con el ecosistema para obtener alimentos nutritivos y saludables, es una de las soluciones planteadas por los expertos. En el 2019, las tierras agrícolas dedicadas a la producción ecológica aumentaron 1,1 millones de hectáreas en todo el mundo, lo que indica que es una tendencia que va en crecimiento.

Las empresas foodtech, por otro lado, aprovechan las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica o la biotecnología para modernizar y cambiar por completo la industria alimentaria, de tal modo que sea más eficiente y sostenible. Uno de los hitos más famosos es el filete de carne de laboratorio que fue creado a partir de células madre de vaca en 2018.

¿Cuáles serán los alimentos del futuro?

Según Sam Pirinon, investigador de Kew Gardens, la clave para mermar la pérdida de biodiversidad, garantizar el abastecimiento de los alimentos y adaptar la industria alimentaria a los efectos del cambio climático, es diversificar los alimentos que se consumen.

En la actualidad, se tiene certeza de la existencia de miles de especies de plantas comestibles que son consumidas por distintas poblaciones y es precisamente en esta variedad que se pueden hallar algunas de las soluciones a los problemas que hay hacer frente en el futuro.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) publicó recientemente un informe en que se agrupaban en 11 categorías los alimentos que, según sus proyecciones, serán los alimentos del futuro.

  • Algas: laver y wakame.
  • Legumbres: haba, lenteja, adzuki (o soja roja), mung (o soja verde), vigna subterránea, vigna unguiculata, frijol marama, frijol negro y frijol de soja.
  • Cactus: nopal.
  • Cereales y granos: quinoa, arroz integral, trigo sarraceno, trigo khorasan, trigo espelta, mijo africano, mijo fonio, amaranto y teff.
  • Frutas y verduras: flor de calabaza, okra y tomate naranja.
  • Hortalizas: remolacha, grelo, kale, moringa, pak-choi, calabaza, col morada, espinaca y berro.
  • Setas: enoki, maitake y níscalo.
  • Semillas: linaza, cáñamo, ajonjolí y junglans.
  • Raíces: raíz de perejil, salsifí negro y rábano blanco.
  • Brotes: alfalfa, habas germinadas y garbanzos germinados.
  • Tubérculos: raíz de loto, ube, jícama y camote.

A la lista anterior, la FAO también añade un grupo insectos que aportan proteína de alta calidad, fibra y ácidos grasos y que ya consumidos en muchos países de Latinoamérica y Asia.

Proteínas alternativas

A medida que la preocupación por el cambio climático y el bienestar animal crece, las proteínas alternativas ganarán protagonismo. Las fuentes de proteínas a base de plantas, insectos y carne cultivada en laboratorio se convertirán en opciones comunes en nuestras mesas. Esto no solo reducirá nuestra huella de carbono, sino que también ofrecerá una variedad de sabores y texturas que enriquecerán nuestra dieta.

Tecnología culinaria

La tecnología también transformará la forma en que cocinamos y consumimos alimentos. La impresión 3D de alimentos permitirá crear platos personalizados, adaptados a las necesidades nutricionales de cada individuo. Además, las aplicaciones de inteligencia artificial ayudarán a planificar dietas equilibradas y a evitar el desperdicio de alimentos, sugiriendo recetas basadas en los ingredientes que tengamos en casa.

Alimentos funcionales y personalizados

La nutrición personalizada se convertirá en la norma. A través del análisis genético y biométrico, podremos identificar las necesidades nutricionales específicas de cada persona. Los alimentos funcionales, enriquecidos con probióticos, vitaminas y minerales, se diseñarán para mejorar la salud y prevenir enfermedades.

La idea de que «somos lo que comemos» tomará un nuevo significado.

FUENTE: OkDiario, El futuro de la alimentación: ¿cómo nos alimentaremos en 2050?

Programa de innovación alimentaria aprovechará la IA para la apicultura futura.

Las compañías tienen potencial para ayudar al sector agroalimentario a encontrar diversas soluciones.

El Programa AgXelerate tiene como objetivo cumplir con las necesidades específicas de las start-ups seleccionadas. Esto será seguido de la innovación por un día de excursiones agrícolas para conectarse con los productores, el objetivo es mejorar la apicultura del futuro.

Algunas de las innovaciones que se tomarán en cuenta para participar este programa son:

• Imitar tormentas eléctricas
• Detección de enfermedades del ganado
• Inteligencia Artificial (IA) para apicultores
• Herramienta de verificación de alimentos y fibras en tiempo real

Anunciadas las diez startups y scaleups exitosas participarán en el programa personalizado diseñado para apoyar su desarrollo. Y ayudarlas a crear prototipos y / o comercializar sus innovaciones para su uso en industrias emergentes y recaudadas bajo la orden de AgriFutures Australia.

Fomentar el talento y la innovación

De acuerdo con Harriet Mellish, Gerente General de AgriFutures, Global Innovation Networks, el programa traerá ideas al escenario global y promoverá el desarrollo y la adopción de tecnología de clase mundial para las industrias emergentes y gravadas de AgriFutures.

Cada compañía tiene una idea creativa, producto o servicio que queremos ayudar a nutrir y garantizar que nuestras industrias emergentes y gravadas tengan acceso.

Algunas de estas compañías ya tienen soluciones adecuadas para estas industrias, mientras que otras participaron en el programa para establecer si su innovación tiene mercado adecuado para la agricultura y estas industrias.

La cohorte de este año incluye compañías que abarcan desde Australia hasta los Estados Unidos y tienen amplias áreas de enfoque, desde lluvias simuladas para la productividad de los cultivos hasta tecnología proactiva de salud animal.

Estas compañías tienen un gran potencial para ayudar al sector agroalimentario a encontrar soluciones para abordar desafíos complejos para la agricultura australiana, y esperamos ayudarlos en este viaje.

Las abejas melíferas y la polinización impulsan la IA

En la etapa inicial del desarrollo de la tecnología, la compañía utilizará la IA y el aprendizaje automático para ayudar a satisfacer las necesidades de los apicultores y otros productores. Destacan las siguientes tecnologías:

Zondii: tecnología multiespectral patentada para ofrecer la primera herramienta de verificación de alimentos y fibras en tiempo real del mundo

LB Agtech: desarrolla BeeSTAR para autenticar el valor de la miel y monitorear la ubicación de las colmenas en tiempo real en función de la conectividad de cobertura global y una matriz de salud de colmena desarrollada internamente.

Rainstick: imita los efectos de las tormentas eléctricas para cultivar plantas más rápido, más grandes y más sostenibles mediante el uso del conocimiento de las Primeras Naciones sobre bioelectricidad.

Yarta: crea un «cerebro» central para los agricultores al proporcionar investigación y noticias a los agricultores como información procesable y específica a través de una plataforma de IA.

OceanOne: tiene como objetivo convertir los erizos de mar destructivos en productos del mar de primera calidad.

FUENTE: The Food Tech, Innovación mejorará la apicultura con tecnología



La fórmula para conseguir una agricultura espacial y cultivar tomates y lechugas en Marte

El ser humano todavía no ha llegado a Marte, ni tampoco ha establecido una colonia en la Luna, pero lo hará. El avance de la tecnología permitirá en los próximos años hacer realidad lo que hoy día son metas científicas, con el desarrollo de espacios habitables, que se autoabastezcan de agua, oxígeno y… ¿alimentos? Un proyecto liderado por investigadores de la Universidad de Talca (UTalca), en Chile, investiga cómo cultivar tomates y lechugas en colonias en otro planeta.

Los experimentos para el desarrollo de esta agricultura espacial se están realizando en el desierto de Atacama, uno de los entornos más inhóspitos de la Tierra. Allí se ensaya con microorganismos propios del lugar, acostumbrados a prosperar en condiciones extremas y especialistas en obtener recursos para la vida de donde casi no los hay.

Este proyecto ha permitido dar pasos muy positivos, hasta el punto de que los investigadores están convencidos de que se podrían cultivar hortalizas en entornos tan complicados para la vida como el planeta Marte, lo que abre una vía muy interesante para la exploración espacial, que puede cambiar el escenario en los próximos años.

Cuál es la fórmula para poder cultivar tomates y hortalizas en Marte

La fórmula para poder cultivar tomates y hortalizas en Marte pasa por asociar los microorganismos del desierto de Atacama, acostumbrados a unas condiciones extremas, a cultivos, de manera que esta vida microscópica establezca las condiciones que permita prosperar a los cultivos.

«Los primeros resultados son muy alentadores, ya que hemos visto que cuando están presentes estas metacomunidades microbianas ancestrales, las plantas podrían crecer, desarrollarse e incluso producir algún tipo de fruto y, en algunos casos, la calidad desde el punto de vista nutricional es mucho mayor, lo que abre una ventana a que podamos desarrollar agricultura espacial», detalló Marco Molina Montenegro, investigador que lidera el proyecto y director del Centro de Ecología Integrativa de UTalca, Marco Molina.

Cómo se simulan las condiciones de Marte

Las simulaciones de las condiciones de Marte se realizan en unas cámaras de uno por dos metros, con una regulación de temperatura entre los -60°C a los 40°C, una condición atmosférica saturada en dióxido de carbono -casi sin oxígeno-, sin nutrientes, ni agua. Además, con una radiación ultravioleta tipo C, que genera un alto efecto negativo sobre el material genético.

«Logramos generar comunidades sintéticas, es decir, utilizamos los mejores individuos, los pudimos mezclar, ver si se toleran entre ellos y si es que pueden convivir. Diseñamos en base a lo que nosotros queremos que ejerzan en la planta y seleccionamos nuestros mejores cultivos«, explicó el académico de la UTalca.

Qué han logrado los científicos con los cultivos en las cámaras marcianas

Los científicos desarrollaron una simbiosis entre los microorganismos del Desierto de Atacama y cultivos como lechugas, tomates, espinacas y acelgas. «Ahora estamos empezando de a poco a bioprospectar quinoa, ya que es un alimento funcional y posiblemente uno de los mejores del punto de vista nutricional», subrayó.

Molina agregó que están probando con una variedad de lechuga que con estos microorganismos «aumenta cuatro veces las vitamina C y también el contenido de calcio, evitando la descalcificación en los viajes espaciales, que se produce mucho al haber microgravedad», especificó.

Esta iniciativa forma parte de un proyecto Fondecyt que busca asegurar la producción alimentaria para la subsistencia de los seres humanos y
además probar cultivos que podrían desarrollarse fuera de la tierra

Fuente: https://novaciencia.es/la-formula-para-conseguir-una-agricultura-espacial-y-cultivar-tomates-y-lechugas-en-marte/

Tecnología alimentaria, los principales avances para la comida del futuro

El objetivo de la tecnología alimentaria es obtener alimentos más completos y saludables modificando sus propiedades físicas, químicas y biológicas para mejorar su calidad.

Los avances tecnológicos surgen como una respuesta ante las recientes crisis alimentarias. Las nuevas tecnologías siguen aumentando ya que suponen una reducción de costos y de complejidad.

Entre las nuevas formas de alimentación más sustentable destaca la alimentación plant-based, tal que las cadenas de comida rápida han incluido alternativas plant-based.

En segundo lugar, la impresión de alimentos 3D debido a que es una forma sistemática y efectiva para servir fuentes de proteínas.

Y por último, el uso de la nanotecnología. Gracias a ella, se podrá evaluar la madurez o la descomposición de los alimentos contribuyendo en el ahorro de los recursos.

Fuente: https://thefoodtech.com/tecnologia-de-los-alimentos/tecnologia-alimentaria-los-principales-avances-para-la-comida-del-futuro/

El CTNC respalda el proyecto Fibrocolis para la obtención de fibras alimentarias sostenibles a partir de subproductos vegetales del brócoli

Pablo Flores, director del centro investigador, asegura que “este proyecto reafirma nuestro compromiso con la innovación y la sostenibilidad, promoviendo la circularidad en la actividad industrial”.

CTNC

El Centro Tecnológico Nacional de la Conservación y Alimentación (CTNC) sigue comprometido con la innovación en la industria alimentaria a través de su participación en el proyecto FOODECO. Este proyecto engloba diversas iniciativas orientadas a la sostenibilidad y la eficiencia en la cadena agroalimentaria. Pablo Flores, director del CTNC, destaca que se trata de un esfuerzo ambicioso que busca mejorar el sector mediante la investigación y el desarrollo de

El CTNC colabora en el proyecto FIBROCOLIS, cuyo objetivo es desarrollar ingredientes alimentarios saludables a partir de subproductos vegetales, como la fibra y compuestos bioactivos. Esta iniciativa pretende aprovechar residuos de la industria agrícola, maximizando la recuperación de estos compuestos para su uso en alimentos funcionales. Uno de los enfoques clave es la investigación sobre los subproductos del brócoli.

En particular, el CTNC trabaja junto a Agrícola Santa Eulalia para investigar la extracción y purificación de fibras alimentarias a partir de residuos de brócoli. El proyecto busca convertir estos residuos en un ingrediente de alto valor añadido, promoviendo la sostenibilidad y fomentando la economía circular. Así, se pretende transformar lo que antes era un desperdicio en un recurso valioso para la industria alimentaria.

Finalmente, el proyecto FIBROCOLIS, financiado por el Ministerio de Industria y Turismo, subraya el compromiso de CTNC y Agrícola Santa Eulalia con la innovación, la sostenibilidad y la promoción de la economía circular. Este enfoque no solo beneficia a las empresas involucradas, sino que también contribuye al desarrollo de un sector agroalimentario más sostenible.

Fuente: https://www.tecnoalimen.com/noticias/20240923/el-ctnc-respalda-el-proyecto-fibrocolis-para-la-obtencion-de-fibras-alimentarias-sostenibles-a-partir-de-subproductos-vegetales-del-brocoli

Evento insignia 2024

El acto principal del Foro Mundial de la Alimentación es una plataforma mundial dinámica que trasciende fronteras, generaciones y sectores para transformar el futuro de nuestros sistemas agroalimentarios. Del 14 al 18 de octubre de 2024, en la Sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en Roma (Italia), y en nuestra plataforma virtual interactiva. El evento de 2024 reune a expertos mundiales, apasionados agentes del cambio y líderes visionarios de todas las edades en torno al tema: «Una buena alimentación para todos, hoy y mañana.

Tanto si quieres aprender sobre el tema de este año, compartir tus conocimientos e ideas con otros, reconocer y celebrar soluciones innovadoras, o colaborar y forjar redes poderosas, este foro mundial es una invitación inclusiva a personas de todas las generaciones y procedencias para que se conviertan en fuerzas motrices del cambio que el mundo necesita urgentemente.

Únete a nosotros y actúa por la transformación de los sistemas agroalimentarios y por nuestro futuro común.

¿Te animas?

https://www.world-food-forum.org/es